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CIBEIRA José Benito | Q.E.P.D.

El sábado 25 de julio de 2015, se existinguió la existencia física del entrañable José Benito Cibeira, quien fue padre de familia, admirado médico, nuestro maestro, y por sobre todo un gran amigo.
Tenía que ser alguna vez el final, (como es la inevitable ley de la vida), para una tan prolongada y prolífica existencia de 92 fructíferos años, que exhibió hasta lo último una vitalidad y lucidez asombrosas, muestras de una sólida genética de estirpe gallega.
Pero nunca fenecerá su recuerdo, que se mantendrá imborrable y perecedero en sus acciones, obras, escritos, libros y en la calidez de su bonhomía y hombría de bien, condiciones naturales de los maestros de antes.

Su dilatada trayectoria, lo hará sin duda sobrevivir perennemente en el recuerdo, indeleble, de los que tuvimos la fortuna de tratarle, de escucharle y de compartir su amistad.

Tal fue mi caso, que se remonta principios del año 1970, cuando siendo yo aún un joven estudiante del final de la carrera médica, me tocó cursar ortopedia y en una de las clases, el Profesor del Sel, nos presenta al Dr. Cibeira, quien nos deslumbró con su dinamismo docente, el cual mantuvo hasta hace muy poco. Brillantemente nos explicó las consecuencias de una lesión medular, dibujo a dos manos la médula en un pizarrón, se subió al escritorio e imito las diversas formas de marcha patológica, siendo algunas de sus proezas histriónicas, frente a un auditorio que permaneció apabullado. Nos fue difícil seguirle el hilo en aquella exposición de pregrado, pero cuando un tiempo después le tuve como maestro y director del IREP (su gran obra), siendo yo ya un residente de ortopedia y fisitaría, supe que siempre quedarían esas, sus enseñanzas, que grabadas a fuego, constituirían las que llamaba “perlitas” conceptuales.

A partir de allí, estuve siempre de una forma u otra, en contacto permanente, con el Dr. Cibeira compartiendo sus charlas, conferencias, ideas y proyectos y con el tiempo, cuando la diferencia de edad se fue haciendo menos marcada, el acercamiento labró una indeleble amistad, siempre con el mismo respeto, para mí: el amigo Pepe, con el que además compartimos otras facetas fuera de la médica y científica. Así frecuentó mi casa, mi familia, comidas y cafés con otros amigos, donde siempre había un chiste nuevo salido de su archivo, que mostraba un humor e intelecto siempre vigentes.

Con el paso del tiempo, mi admiración fue creciendo aún más ante su exhultante e incontenible pesrsonalidad, que mostraba no sólo al médico, sino también al actor vocacional, al mimo, al bailarín con estilo, al anfitrión locuaz e incansable, pero que también continuaba produciendo frutos científicos sin jubilarlo nunca.
Asistí a infinidad de premios y distinciones que se le concedieron, entre ellas el de Personalidad Ilustre de la Ciudad y pude además impulsar por primera vez, al estar yo al frente de la SAMFYR, el otorgarle en primer lugar, el reconocimiento como “Maestro de la Fisiatría Argentina”.

En suma y como señalé al prinicpio, se apagó sólo la existencia física de un hombre extraordinario, un ilustre ciudadano de su Olavarría natal, que lo vio venir a este mundo un 13 de abril de 1923, para ir forjando al niño, al joven, al médico y además al hombre, que irradió un enorme corriente de sabiduría y amistad, la que en forma imperecedera trascenderá en el tiempo, a través de todos los que tuvimos el honor de compartir su momento y por sus obras, en los que no pudieron tener la fortuna de conocerle personalmente.

Eduardo Ramírez Calonge
Bs. As. julio de 2015

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